Humor, comedia, pandemia y política

Por Juan Francisco Hernández

Depende el país que habitemos, las curvas de contagio continúan su vertical ascenso o se aplanan y, nosotros, que nos hemos convertido en los solitarios y silenciosos personajes de las pinturas de Edward Hopper, salimos a la calle, dispuestos a ser libres, aunque sea por unos instantes, otra vez. Paseamos a los hijos, al perro o, simplemente, como si nos lleváramos de la mano, nos paseamos a nosotros mismos. En algún punto del trayecto cerramos los ojos y dejamos que el sol acaricie nuestro rostro o, saturados del aire enviciado del encierro, hacemos una respiración profunda y percibimos, de una manera distinta, la luz y los aromas de la tarde. Como nórdicos en el último día de verano, el mundo exterior nos parece más generoso y más intenso que antes del encierro. Ver más

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