Internacional

Tres días de duelo nacional en México 

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, decretó hoy tres días de luto nacional en honor a las víctimas del terremoto que el martes sacudió con violencia el centro del país, dejando hasta ahora un saldo preliminar de 225 fallecidos.

La Presidencia informó a través de la red social Twitter la decisión del mandatario en un momento en que la búsqueda de sobrevivientes continúa en las zonas afectadas.

Corea del Norte sigue lanzando misiles

Cuando la política olvida la prudencia

Por Adrià Harillo Pla

Hace escasos días, Londres vivió otro ataque terrorista. La ciudad británica, que por su historia –y por la experiencia en estas tragedias- tiene una gran relación con los Estados Unidos fue, una vez más, la elegida.

Recuerdo cuando, tras un antiguo atentado –que si no recuerdo mal fue el principal acontecido en París-, el periodista catalán Xavier Rius escribió un artículo en un periódico titulado “Los peligros del miedo”. En dicho artículo, advirtió acerca de la equivocación que supondría instaurar una correlación entre los seguidores del Islam y aquellos que quebrantan, en su nombre, las vidas y la normalidad de miles de personas. A raíz de este nuevo atentado, se han visto en los días actuales en las redes sociales comentarios de todo tipo, algunos de ellos en el sentido que Rius se temía.

Destacaría pero, tres tipos de dictámenes de entre todos los que han inundado la red. El primer tipo, es totalmente ofensivo hacia todos los que profesan el Islam (en ellos se incluyen personas con doble nacionalidad, refugiados, asiáticos, africanos, conversos…). El segundo tipo, es el que constantemente considera que no es justo que una cosa así suceda en Europa o en los Estados Unidos (con los días se ha ampliado, por presión social, a los casos de Siria y de otros países con conflictos bélicos) por culpa de sujetos con semejantes conductas que desembocan en atrocidad. El tercer y último tipo son los que, por el contrario, creen que es normal que esto ocurra (o incluso justo), debido a que occidente (como algo homogéneo) realiza todo tipo de abusos en otros países (siempre según su criterio).

Lo cierto es que, desde el sosiego y la fraternidad de casa, regurgitar lo primero que nos pase por la cabeza es lo más sencillo, y en la generalidad de los casos, lo simple suele ser lo menos apropiado. En el primero de los casos que he nombrado, el individuo que escribe lo realiza desde una fase de cólera post-traumática (o desde la incultura y el miedo en general). Los segundos, se encuentran ya en un estado de angustia o tristeza post-traumática. Los terceros, por su parte, a pesar de pretender ser los menos etnocéntricos, paradójicamente, lo son más que nadie al pensar que, en todo aquello que ocurre en el mundo, nuestra cultura tiene algo que ver.

Todas las fases psicológicas que he nombrado, y que he usado para encasillar a los comentaristas del primer y segundo grupo son posteriores a la fase de negación, que es previa a todas ellas. El etnocentrismo lo considero malo por sí mismo.

Probablemente, las personas que de manera directa o indirecta han padecido algún ataque de tipo terrorista, se encuentren todavía en estado de negación. Es decir, negando haber vivido lo que desgraciadamente les ha tocado vivir.

Por deferencia, probablemente lo más adecuado, desde el bienestar de nuestras casas, sería que empleásemos semejante comodidad en recapacitar y reflexionar en lo sucedido, más que en gargajear nuestras opiniones poco meditadas y hacerlas públicas (salvo que se sea un gran experto, algo que no abunda).

El actual presidente de los Estados Unidos, empero, no tardó en calificar el ataque de terrorismo islamista, y lo hizo para de un modo u otro, promover y potenciar sus políticas antiinmigración. Aunque es poco cuestionable que, desde la posición que ocupa, debe actuar con la máxima rapidez en determinadas situaciones, por responsabilidad, debería esperar a conocer lo que las investigaciones revelan. Posicionarse con la pretensión de favorecerse incluso antes de que lo haga la propia policía de Londres o los medios de comunicación en el terreno no deja de ser, cuanto menos, indecoroso.

Los que no nos hemos visto afectados, tenemos la obligación de ser conscientes del vigor de nuestras opiniones cuando todas se juntan sobre un mismo tema en un mismo momento. Esto es aplicable a las redes sociales y ya no digamos si se es el presidente de los Estados Unidos. Solamente así respetaremos el proceso de duelo correcto de las personas que realmente han sufrido esta tragedia. Se lo merecen. A su vez, daremos ejemplo de prudencia a los ciudadanos, algo que a día de hoy parece un valor considerablemente descuidado.

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