Nacional

Un año que pareció un siglo: Trump en el poder

Por Javier Sierra @javier_SC

“Amo a los hispanos”, mintió un mal día Donald Trump como celebración del Cinco de Mayo. Hay amores que matan, porque la comunidad hispana ha sufrido lo indecible durante este primer año de Trump en el poder.
El caos de la presidencia de Trump se puede resumir en la frase más famosa que ha usado en estos 12 meses, “shithole countries”, o “países de mierda”, en referencia a El Salvador, Haití y todo el continente africano durante una reunión bipartidista sobre la política migratoria. El embajador salvadoreño, Hugo Martínez, lamentó que Trump ofendiera “la dignidad de El Salvador y de otros países”, rechazando “enérgicamente”, al igual que el resto del mundo civilizado, este tipo de expresiones.
Irónico que Trump sea tan meticuloso al elegir los países de los que deben provenir los inmigrantes. Su propia madre emigró a Estados Unidos escapando de la extrema pobreza de un miserable rincón de Escocia.

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La Resistencia sigue firme. Foto cortesía de Javier Sierra

La intransigencia de Trump causó el cierre del gobierno federal. Y hasta la fecha, sigue condicionando la renovación del DREAM Act y el futuro de 800.000 jóvenes inmigrantes (los “soñadores”) a que el Congreso acceda a entregar $25.000 millones para construir su muro fronterizo, un monumento a la xenofobia y el racismo que causaría daños irreparables a las comunidades y la vida silvestre fronterizas. ¿Recuerdan cuando Trump prometió repetidamente que México iba a pagar el muro?

Irreparable también sería el daño humano y económico si Trump cumple su amenaza de deportar a 200.000 salvadoreños acogidos al Estatus de Protección Temporal que les ha permitido vivir en Estados Unidos desde 2001 después que terremotos devastaran su país y su economía.
Y hablando de catástrofes, Trump dijo en su discurso del Estado de la Unión que su gobierno seguiría asistiendo a las comunidades asoladas por los desastres naturales ocurridos en 2017. Increíblemente, horas antes, su Agencia Federal de Gestión de Emergencias anunció que dejará de proveer ayuda a Puerto Rico, pese a que el 35% de los residentes sigue sin fluido eléctrico y decenas de miles carecen de acceso a agua potable, más de cuatro meses tras la devastación sembrada por los huracanes María e Irma. Por fortuna, un día más tarde FEMA se arrepintió de su decisión.

En esta atmósfera xenófoba y racista que respira la comunidad hispana, no es de extrañar que tema por su seguridad física. Una reciente encuesta de Latino Decisions reveló que el 64% de los hispanos se ha sentido maltratado o abusado por las autoridades. El 57% se siente menos seguro tras el triunfo de Trump y un 72% cree que tras la elección los blancos se comportan de manera más discriminatoria y furiosa contra ellos.
Los hispanos, y el resto del país, también tienen que sentir su salud amenazada tras el peor asalto contra las salvaguardas ambientales en la historia del país. La Agencia de Protección Ambiental y Departamento del Interior de Trump son los autores, entre otros, de los siguientes desmanes:
—El debilitamiento de los estándares de limpieza del aire y el agua.
—La apertura de prácticamente la totalidad de las costas del país a las explotaciones petroleras.
—Permitir la construcción del Oleoducto Keystone XL.
—La reducción de monumentos nacionales y el abusivo encarecimiento del acceso a los parques nacionales, que hará imposible a millones de hispanos visitar estos magníficos parajes.

No es ninguna sorpresa que Trump tenga los peores índices de popularidad en el primer año de cualquier presidente. El país apoya abrumadoramente una política migratoria humana y justa, incluyendo acceso a la ciudadanía para los “soñadores”; construir puentes y no muros con el resto del mundo; no dar la espalda a Puerto Rico tras la peor catástrofe de su historia, y sobre todo, tratar a todos los habitantes de este país con dignidad y decencia, algo que echamos dolorosamente de menos.

La máquina del apocalipsis en manos de Donald Trump

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

En 1971, Daniel Ellsberg hizo públicos los Documentos del Pentágono, miles de páginas de la historia secreta del departamento de Defensa estadounidense sobre la injerencia de Estados Unidos en Vietnam, que expusieron las mentiras del gobierno y ayudaron a terminar la guerra. El consejero de seguridad nacional del presidente Richard Nixon, Henry Kissinger, calificó a Ellsberg como “el hombre más peligroso de Estados Unidos”.

Ahora, con sus 86 años de edad, Ellsberg ha revelado por primera vez que los Documentos del Pentágono no fueron los primeros expedientes clasificados que retiró de su lugar de trabajo, un área de máxima seguridad. En su nuevo libro, titulado en inglés “The Doomsday Machine: Confessions of a Nuclear War Planner” (“La máquina del apocalipsis: confesiones de un planificador de guerras nucleares”), detalla sus primeros años en el Pentágono y por qué se llevó miles de páginas sobre los planes de guerra nuclear que estaba desarrollando Estados Unidos y que dan cuenta de la descabellada política de guerra nuclear estadounidense elaborada hace más de 55 años atrás. Es aterrador que sus revelaciones sigan siendo relevantes al día de hoy.

El pasado 20 de julio en una reunión en el Pentágono sobre asuntos de seguridad nacional, el presidente Donald Trump presuntamente habría sorprendido al personal militar que se hallaba reunido con él cuando sugirió que quería que el arsenal nuclear estadounidense fuera diez veces mayor. Fue después de esa reunión que, según se dice, el secretario de Estado, Rex Tillerson, calificó a Trump como un “maldito imbécil”. En agosto, Joe Scarborough, de la cadena NBC, citando una fuente anónima, afirmó que Trump le había preguntado a un asesor de política exterior sobre el uso de armas nucleares. Scarborough dijo: “[Trump] preguntó tres veces sobre el uso de armas nucleares. En un momento preguntó que, si las teníamos ¿por qué no podíamos usarlas?”.

Durante más de 70 años, el presidente de Estados Unidos ha tenido el enorme poder de lanzar armas nucleares, pero solo uno lo ha usado: Harry Truman, cuando ordenó el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas Hiroshima y Nagasaki. El ataque nuclear causó la muerte de cientos de miles de personas. Trump, que parece disfrutar del sonido de los tambores de guerra y de hostigar a sus oponentes, como el líder supremo de la nuclearizada Corea del Norte, Kim Jong Un, podría estar arrastrándonos al borde de una guerra nuclear.
El denunciante Ellsberg, al describir los planes de guerra nuclear del presidente Dwight Eisenhower, que le habían sido encomendados para su mejora en los primeros meses del gobierno de Kennedy, nos dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Estaban locos. Querían hacer planes de atacar primero, por orden del presidente Eisenhower. [El presidente] no quería ningún plan de guerra delimitada de ningún tipo con la Unión Soviética, bajo ninguna circunstancia, porque eso le permitiría al Ejército solicitar enormes cantidades de divisiones o incluso armas nucleares tácticas para tratar con los soviéticos. Así que exigió que el único plan para luchar contra los soviéticos, bajo cualquier circunstancia, como un encuentro en el corredor de Berlín, el acceso a Berlín Occidental, o sobre Irán, que ya era un punto conflictivo en ese momento, o Yugoslavia, si hubieran ingresado [los soviéticos], como sea que empezara la guerra; con un levantamiento en Alemania Oriental, por ejemplo. Como fuera que comenzara, el plan dirigido por Eisenhower era una guerra sin cuartel, que contemplaba dar el puntapié inicial de la primera guerra nuclear, suponiendo que los soviéticos no hubieran usado armas nucleares. Y ese plan pretendía, en nuestro primer golpe, atacar todas las ciudades. En realidad, cada población de más de 25.000 habitantes, en la Unión Soviética y en cada ciudad de China. Una guerra con Rusia inevitablemente iba a involucrar ataques en cada ciudad de China. En el curso de este ataque no habría reservas. Todo se iba a lanzar tan pronto como estuviera disponible, era una amplia operación de transporte de armas termonucleares. Todo se iba a lanzar contra la Unión Soviética; pero no solo contra ellos. Las naciones cautivas, los llamados países satélite de Europa del Este –miembros del Pacto de Varsovia–, serían atacados en sus defensas antiaéreas, que se encontraban cercanas a ciudades, en sus sistemas de transporte y en su sistema de comunicaciones. Así que todo eso también iba a ser aniquilado”.

Ellsberg recordó que en 1961, el Estado Mayor Conjunto pronosticó fríamente que el plan provocaría la muerte de más de 600 millones de personas en todo el mundo, cuando la población mundial era de solo 3.000 millones. “Seiscientos millones, eso era como cien Holocaustos. Y cuando tuve en la mano la hoja de papel con esa cifra, que le habían enviado con orgullo al presidente, pensé: ‘Esto es lo que vamos a hacer. Este es el plan más cruel de la historia. Es una locura’”.
Ellsberg fue convocado al Pentágono para ayudar a manejar la crisis de los misiles en Cuba en 1962, conocida como la Crisis de octubre y considerado como el momento en que la humanidad estuvo más cerca de la aniquilación nuclear. Su experiencia personal de esos años sustenta su opinión sobre la hostilidad de Trump hacia Corea del Norte. En cuanto a los arsenales nucleares de ambos países, señala: “Tanto

Trump como Kim están usando las armas de las que disponen en este momento para llevar adelante su enfrentamiento, tal como lo han hecho muchos presidentes, como descubrí más tarde. Hay un capítulo en mi libro en el que hablo sobre un par de casos, tal vez tres decenas de casos, la mayoría secretos, en los que los presidentes llegaron a realmente apuntar el arma, además de llevarla ostentosamente en la cadera todo el tiempo, como en la OTAN. Creo que uno de nuestros comandantes simplemente dijo: ‘Usamos las armas todos los días, en cada momento del día’, lo cual es cierto. Las usamos en la cadera. Pero en este momento, están siendo apuntadas. Y están siendo apuntadas por dos personas que están haciendo muy buenas imitaciones de personas dementes. Podrían estar fingiendo. Espero que estén fingiendo… Pero fingir estar loco con armas nucleares no es un juego seguro. Es un juego de ‘a ver quién es más gallina’. Con armas nucleares de por medio”.
Pese a la preocupación generalizada sobre la estabilidad mental de Trump, el presidente sigue manteniendo el control del arsenal nuclear más potente del mundo. Entre otras cosas, ha prometido hacer llover “fuego y furia” sobre Corea del Norte, una nación de 25 millones de habitantes. El general de la Fuerza Aérea estadounidense John Hyten, comandante del Comando Estratégico de Estados Unidos, que está a cargo de la supervisión de todo el arsenal nuclear del país, aseguró a la población en un foro público realizado en noviembre: “No somos estúpidos”, y afirmó que él rechazaría una orden ilegal de Trump para el lanzamiento de un ataque nuclear.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado, no conforme con dejar en manos de los generales el control de las decisiones de Trump, celebró el pasado 14 de noviembre una audiencia para considerar un cambio en la ley y prohibir que el presidente pudiera, él solo, lanzar un ataque nuclear. El senador republicano Bob Corker, de Tennessee, que ha declarado públicamente su temor de que Trump pudiera comenzar una Tercera Guerra Mundial, presidió la audiencia. El senador demócrata Chris Murphy, de Connecticut, resumió el propósito de la audiencia con estas palabras: “Nos preocupa que el presidente de Estados Unidos sea tan inestable, tan volátil. Que tenga un proceso de toma de decisiones tan quijotesco y pueda ordenar un ataque con armas nucleares que esté totalmente fuera de lugar en cuanto a los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos”.
Estamos más cerca de una guerra nuclear de lo que lo estuvimos en muchas décadas y es por ello que el ejemplo de Daniel Ellsberg como denunciante, así como su llamado a que los empleados del gobierno expongan los actuales planes apocalípticos, son más importantes que nunca.

 

Trump miente mientras el calentamiento global sigue causando muertes

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

El legendario periodista independiente I.F. Stone, conocido como “Izzy” Stone, solía advertir a menudo: “Todos los gobiernos mienten”. Pero hasta Izzy se hubiera sorprendido de la avalancha de mentiras del gobierno de Trump, tales como la declaración del presidente Donald Trump de que el cambio climático producido por el ser humano es un invento difundido por los chinos para dañar la economía estadounidense. El calentamiento global ha intensificado los recientes desastres naturales de Houston, Miami, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos, y lo mismo con los devastadores incendios forestales a lo largo de California.

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Los huracanes de este año han golpeado con una fuerza récord. En nuestro planeta cada vez más cálido, con océanos que se calientan rápidamente, los huracanes ocurren con mayor frecuencia y potencia. El décimo huracán de este año acaba de recibir su nombre: Ofelia. No ha habido diez huracanes en una misma temporada desde 1893.

Al menos 82 personas fallecieron cuando el huracán Harvey azotó la costa del golfo de México y provocó inundaciones en Houston. La tormenta también condujo a la liberación de toneladas de contaminantes al aire y el agua, que se filtraron de las plantas de la floreciente industria petroquímica de la ciudad. Las estimaciones iniciales para la reconstrucción de Houston ascienden a unos 190.000 millones de dólares.

El huracán Irma causó la muerte de al menos 134 personas, de las cuales 90 ocurrieron en Estados Unidos. Entre ellas, 14 personas mayores que quedaron atrapadas en un hogar de ancianos caluroso, inundado y oscuro en Hollywood, Florida. El Dr. Joel N. Myers, fundador y presidente de AccuWeather, declaró: “Lo que tampoco tiene precedentes es que esta tormenta en particular, Irma, ha mantenido un alto nivel de intensidad por un período de tiempo más largo que cualquier otro huracán o tifón, en cualquier océano del mundo, desde que comenzó la era satelital”. El Dr. Myers estima que el costo de la reconstrucción tras el huracán Irma, principalmente en Florida, es de 100.000 millones de dólares.

La devastación causada por el huracán María en Puerto Rico y el Caribe aún no se ha evaluado por completo. En Puerto Rico, la destrucción de la red eléctrica fue total. Después de tres semanas, al menos el 85% de la isla sigue sin electricidad. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias informó que el 63% de los 3.400.000 habitantes de la isla tiene acceso a agua potable, aunque esta información no ha sido verificada de manera independiente. Las muertes registradas oficialmente en Puerto Rico al momento de redactar este artículo son 48, mientras que decenas de personas continúan desaparecidas. Sin embargo, estas cifras seguramente se queden cortas, ya que las regiones remotas de la isla han tenido muy poco contacto con el mundo exterior, y una nueva ola de infecciones graves vinculadas con las condiciones deficientes de salubridad está afectando a los habitantes del territorio. Se desconoce aún más la situación de la isla puertorriqueña de Vieques.

Luego del paso de la tormenta, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz –vadeando con el agua hasta el pecho en medio de las inundaciones, megáfono en mano– ayudó a quienes habían quedado atrapados en sus hogares y organizó operaciones de rescate. Sus numerosos reclamos públicos de mayor ayuda para paliar la crisis humanitaria en Puerto Rico fueron desestimados por el director de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, Brock Long, quien calificó sus manifestaciones públicas de “ruido político”. El propio Trump acusó a la alcaldesa de ser “desagradable”, y más adelante realizó un chocante e insensible acto durante su breve visita a la isla: arrojó rollos de papel higiénico hacia la multitud de sobrevivientes del huracán que se habían acercado a escucharlo.

En otra región de Estados Unidos, en California, más de 20 incendios forestales están arrasando varias zonas del estado. En Sonoma y Napa, los incendios han destruido vecindarios enteros; miles de hogares quedaron reducidos a cenizas y decenas de miles de habitantes se vieron obligados a ser evacuados. Al momento de escribir esta columna, hay 41 muertes confirmadas a causa de los incendios.

La comunidad científica ha hallado un vínculo directo entre el cambio climático y los incendios de California. Park Williams, bioclimatólogo del Observatorio de la Tierra “Lamont-Doherty” de la Universidad de Columbia, observó en una entrevista para Democracy Now!: “Hemos podido calcular la superficie que se ha quemado debido al cambio climático causado por el ser humano, y hallamos que aproximadamente la mitad del área forestal del oeste de Estados Unidos que se ha quemado en los últimos 35 años es atribuible a esa tendencia de calentamiento. Y esa mitad es muy grande. Es una superficie del tamaño de Massachusetts y Connecticut combinados”.

Cuando se le preguntó sobre por qué los meteorólogos de las cadenas televisivas no hacían la conexión entre las condiciones climáticas extremas y el cambio climático, Williams replicó: “Los términos ‘calentamiento global’ y ‘cambio climático’ se han politizado. Pero en los círculos donde trabajo, con climatólogos reales que trabajan en estos temas a diario, no se duda en usar esos términos. A medida que se arrojan gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, el mundo se calienta; ya sea que se trate de la Tierra o de otro planeta. Así son las leyes de la física. Por lo tanto, es sorprendente ver en la televisión a meteorólogos capacitados que evitan usar esos términos”.

No solo es sorprendente. Esta omisión generalizada refuerza los intentos de quienes niegan el fenómeno del cambio climático de confundir a la población estadounidense y detener así las acciones para revertirlo. Tenemos que preguntarnos: si tuviéramos medios de comunicación estatales en este país, ¿sería diferente?

El presidente Trump se ha retirado del acuerdo climático de París. El director de su Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt, firmó una orden para rescindir el Plan de Energía Limpia del presidente Barack Obama, que hubiera limitado las emisiones contaminantes de las centrales eléctricas, al tiempo que declaró: “La guerra contra el carbón ha terminado”. Las mentiras del gobierno de Trump sobre el cambio climático están generando impactos reales hoy mismo. Y lo que resulta más devastador, las mentiras prácticamente garantizan un futuro plagado de desastres cada vez más letales.

 

Catástrofe segura: El costo de no reconocer el cambio climático

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

El 6 de septiembre de 2017, mientras Houston se recuperaba del huracán Harvey y millones de personas en Florida y el Caribe se preparaban para el huracán Irma, la tormenta más poderosa registrada en la historia en las costas del Océano Atlántico, el presidente Donald Trump viajó a Mandan, Dakota del Norte, y dio un discurso frente a una refinería de petróleo en el que elogió el papel de su gobierno en la reducción de protecciones ambientales y en la defensa de la industria de los combustibles fósiles. Alabó la construcción de los oleoductos Dakota Access y Keystone XL, y se jactó de haberse retirado del acuerdo climático de París.

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Así, mientras los desastres causados ​​por el cambio climático azotaban Estados Unidos, Trump –el hombre que dijo que el cambio climático era un invento chino– estaba haciendo todo lo que estaba a su alcance para asegurar futuras catástrofes.

Casualmente, Trump visitó Dakota del Norte cerca del primer aniversario del “Día de los perros”, que conmemora un feroz ataque canino desatado por los guardias del oleoducto Dakota Access contra los pacíficos indígenas protectores del agua que se estaban manifestando contra su construcción. Los guardias reprimieron a los manifestantes con gas y con golpes, y los perros mordieron a los protectores del agua y a sus caballos. A uno de los perros le chorreaba sangre del hocico. Democracy Now! estuvo ahí, grabando todo lo sucedido.

El oleoducto Dakota Access ha sido un símbolo especialmente poderoso para el movimiento de resistencia contra el cambio climático, que cuestiona la lógica de la extracción de combustibles fósiles y exige un cambio hacia una economía sustentable basada en energías renovables.

Los indígenas llaman al Dakota Access “la serpiente negra”. El oleoducto, que costó 3.800 millones de dólares y tiene 1886 kilómetros de largo, fue diseñado para transportar un máximo de 500.000 barriles diarios de petróleo crudo obtenido mediante fracturación hidráulica desde los yacimientos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, pasando por Dakota del Sur y Iowa hasta el sur de Illinois, donde se conectaría con otro oleoducto para trasladar el petróleo a la costa estadounidense del golfo de México.

A partir de abril de 2016, miles de indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá se congregaron en Dakota del Norte en la mayor acción colectiva de tribus nativas en décadas. La convocatoria fue liderada por la tribu sioux de Standing Rock, que insistió en que el paso del oleoducto por debajo del río Missouri, justo río arriba de su reserva, podría contaminar de forma irreversible no solo su suministro de agua potable sino el de 17 millones de personas río abajo.

Los campamentos de resistencia siguieron creciendo. En respuesta, la empresa Energy Transfer Partners, propietaria del oleoducto, junto con el sheriff del condado de Morton, intensificaron y militarizaron la represión. Los meses de resistencia en Standing Rock se convirtieron en un punto cumbre en los anales de la resistencia no violenta, con numerosos actos de desobediencia civil creativos y valientes, realizados bajo el liderazgo espiritual de las comunidades Lakota y Dakota.
En respuesta a las protestas masivas y a la violenta represión policial, el gobierno de Obama ordenó detener la construcción de algunos oleoductos. La victoria parecía estar al alcance de la mano… y entonces Donald Trump ganó las elecciones presidenciales.

El 24 de enero de 2017, cuatro días después de asumir la presidencia, Donald Trump firmó órdenes ejecutivas para acelerar la construcción y la puesta en funcionamiento del oleoducto Dakota Acces, así como el polémico oleoducto Keystone XL, cuya construcción el presidente Barack Obama había bloqueado tras haber sido objetivo durante años de grandes protestas y acciones de desobediencia civil. Para el 1 de junio, Energy Transfer Partners afirmó en un comunicado de prensa que el oleoducto estaba “operativo”, lo que presumiblemente implica que habría comenzado a transportar petróleo.

Poco tiempo antes, el portal de noticias The Intercept publicó un informe basado en 1.100 páginas de documentos obtenidos, que detalla cómo un grupo de mercenarios militares y de inteligencia llamado TigerSwan había estado asesorando a Energy Transfer Partners y a la policía de Dakota del Norte durante meses. The Intercept informó: “TigerSwan habla de los manifestantes como ‘terroristas’, de sus acciones directas como ‘ataques’ y de los campamentos como ‘campo de batalla’, revela cómo la disidencia de los manifestantes no solo fue criminalizada, sino tratada como una amenaza a la seguridad nacional”.

El mes pasado, Energy Transfer Partners presentó una demanda contra los grupos ecologistas Greenpeace International, Earth First! y otros, acusándolos de incitar el “ecoterrorismo” contra la construcción del oleoducto. Annie Leonard, directora ejecutiva de Greenpeace, respondió a la acusación en una entrevista con Democracy Now!: “El término ‘ecoterrorismo’ en realidad fue usado para difamar un tipo de activismo protegido por la Constitución en el marco del derecho a la libertad de expresión y fundamentado en hallazgos científicos. Están intentando criminalizar una protesta sana y justa”.

El costo: el planeta.

Ante la devastación que los huracanes catastróficos van provocando en extensas regiones de Estados Unidos y el Caribe, es claro cuál es la verdadera amenaza para la seguridad nacional: el cambio climático y la industria de combustibles fósiles que lo está intensificando.

Bill McKibben, fundador de la organización 350.org, dijo en una entrevista en Democracy Now! justo en medio del azote del Huracán Harvey: “Básicamente, estamos llegando al final del juego. Tenemos que pasar a las energías renovables en un 100%, y tenemos que hacerlo rápido. Por el momento, por supuesto, Trump es favorable a la industria de los combustibles fósiles. Estas empresas están concretando todos sus deseos en este país. Pero como muchas cosas que Trump toca, creo que esta es su última bocanada de aire. La gente está comenzando a asociar la locura de ir a toda velocidad hacia este futuro de efecto invernadero con el presidente más insensato y desequilibrado que hemos tenido en nuestra historia”.

 

Huracán Harvey 

Un Error Histórico

Por Javier Sierra – @javier_SC

Imagínese a punto de cruzar un puente. De 100 ingenieros, 99 le dicen que si lo hace, el puente se va a derrumbar. Y uno, quien trabaja para el dueño del puente, le dice que no hay ningún problema. ¿Qué haría?

Donald Trump, el único líder mundial que niega la ciencia climática, decidió cruzar el puente y llevarnos a todos con él. Confrontado con la decisión más fácil de su caótica presidencia, Trump optó finalmente retirar a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París, contra los designios de la inmensa mayoría de los norteamericanos, la comunidad internacional y el sentido común.

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Trump nos quiere empujar de vuelta al sistema energético del siglo 19. Foto cortesía de Javier Sierra.a caption

De un plumazo, este anciano de 70 años tomó una decisión que pone en grave peligro el futuro de nuestros hijos y nietos. El Acuerdo de París, respaldado por casi 200 naciones, es la única herramienta de la que dispone la humanidad para evitar las peores consecuencias de la crisis climática. 

La comunidad empresarial del país apoya abrumadoramente permanecer en el acuerdo —desde Microsolft, a Apple, a Walmart, incluso Exxon, BP y Shell— además del 70% del público norteamericano. El mismísimo Pentágono considera la crisis climática no solo real sino también un peligro para la seguridad nacional.
La decisión también pone en serio peligro el liderazgo económico mundial de Washington. China, el mayor contribuyente de gases de cambio climático, está embarcada en un programa de $360.000 millones para fomentar la energía limpia que creará más de 13 millones de empleos para 2020.

Mientras tanto, Trump quiere obligarnos a permanecer anclados a un sistema energético sucio propio del siglo 19.
El daño diplomático que esta descabellada decisión causará también es incalculable. Cuando la administración Bush-Cheney nos retiró del Tratado de Kyoto, el entonces secretario de estado, Colin Powell, calificó la intensa reacción negativa que generó en todo el mundo como “una traumática experiencia”. Después que Trump se negara a ratificar el acuerdo durante la desastrosa reunión del G7 en Italia, la canciller alemana Angela Merkel advirtió que Europa ya no podía fiarse de Estados Unidos y que “tenemos que tomar nuestro destino en nuestras propias manos”.

El costo de retirarse del Acuerdo de París indudablemente sería mucho más profundo ya que la comunidad mundial reconoce que no hay tiempo que perder para evitar las peores consecuencias de la crisis climática. Y para nosotros los hispanos y América Latina, el debilitamiento de este acuerdo tendría consecuencias especialmente desastrosas. La ONU concluyó hace ya años que nuestra comunidad es especialmente vulnerable al cambio climático, aquí en Estados Unidos, y en general en los países en vías de desarrollo. Solamente en Latinoamérica, el costo anual del clima extremo causado por esta lacra planetaria se estima en un 4% del PIB de la región.

Trump, sin embargo, nada contra el abrumador empuje hacia una economía de energía limpia en todo el mundo. Por segundo año consecutivo, en el mundo se instaló más energía limpia que sucia. Según el Departamento de Energía, la industria solar emplea aquí a más trabajadores en la generación de electricidad que la petrolera, carbonera y gasera juntas. Y el año pasado el 60% del crecimiento energético en Estados Unidos vino del sol y el viento, unos 24.000 megavatios.

Nadie va a esperar al negacionista climático en jefe, y desde luego, este acuerdo no lo va a descarrilar la ignorancia de un solo hombre.
Tras cometer semejante fallo histórico, Trump me recuerda la famosa frase del Al Gore: “El liderazgo político es un recurso renovable”.

Política migratoria de Trump perjudicará al país

John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, dio a conocer dos memorandos que guiarán la implementación de la política migratoria delineada por Donald Trump. Conversamos con varios profesores acerca de las mismas.

Colaboración de la Universidad de Michigan

“Los memorandos recién  promulgados harán que nuestro sistema de adjudicación de inmigración sea menos preciso, nuestro sistema de detención de inmigrantes más peligroso, y todo nuestro sistema de inmigración arbitrario e inhumano”, dijo Margo Schlanger, profesora de derecho, quien es una autoridad en cuestiones de derechos civiles y sirvió como oficial de los derechos civiles y las libertades civiles en el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. “Los detalles son chocantes: deportar a las personas en medio de los procedimientos, pedirles que participen por teléfono desde México. Acusar a los padres de un crimen sólo porque utilizan a traficantes para reunir a sus familias”.

Juan Cole, es un profesor de historia que estudia el cambio político con un enfoque en el Oriente Medio. Recientemente escribió en su blog Informed Comment que si los residentes indocumentados que no han cometido ningún otro delito temen ser detenidos a plena vista, este miedo pone en peligro a todos. “No es deseable que este gran segmento de la población evite obtener vacunas o que las mujeres maltratadas teman ir a las autoridades”, dijo. “Hacer que la gente sin papeles que cumplen la ley pasen a la clandestinidad plantea riesgos importantes para la salud para todos nosotros”.

Cole agregó que la convicción de Trump de que hay una crisis de inmigración indocumentada en los Estados Unidos en 2017 es completamente infundada. “Hubo una crisis en los  80 y 90, que resultó en unos 12,2 millones de residentes indocumentados para el año 2007. En la última década, el número se ha reducido en casi un millón y medio, a 10,9 millones. Esto es cierto a pesar de que el número de deportaciones cayó en el 2013 y 2014.

“Trump dice que hay 30 millones de residentes indocumentados de los EE.UU. y alega que 3 millones de ellos votaron en la elección presidencial. Estos son números imaginarios”, afirmó.

William López, un estudiante postdoctoral en la Escuela de Trabajo Social de la U-M es el co-autor de un estudio de salud de la comunidad de los latinos en el condado de Washtenaw, Michigan, que mostró el impacto de una redada de inmigración en la comunidad. “Deportar a los inmigrantes indocumentados a la escala alentada por el presidente Trump será devastador para las comunidades”, dijo López. “Todos los inmigrantes indocumentados están conectados a familias, comunidades y economías, y su eliminación por la fuerza es perjudicial para cada una de estas redes.

“Las investigaciones han demostrado que más agentes y una mayor colaboración entre las organizaciones gubernamentales federales y locales impulsarán a comunidades enteras a  evitar cualquier interacción con las autoridades gubernamentales de todo tipo. Esto significa que muchos evitarán los hospitales, llamar a la policía, incluso la circulación por las vías públicas o buscar asistencia alimentaria. No hay manera de que las comunidades puedan prosperar en medio de este nivel de vigilancia.

Ann Lin, profesora asociada en la Escuela Ford de Política Pública, dijo que el tema es preocupante desde un punto de vista económico. Aunque es cierto que la gente no tiene derecho a vivir en cualquier país, y que son los países los que tienen derecho a seleccionar a las personas que desean emigrar, también hay que considerar los hechos, dijo.

“Los Estados Unidos han seleccionado a las personas que están aquí ilegalmente al darles empleo. Las empresas estadounidenses están diciendo que necesitamos estos inmigrantes, ya sea si el gobierno federal está de acuerdo o no. La deportación de su fuerza laboral amenaza con enviar a estas empresas a la quiebra. La forma correcta de poner fin a la inmigración ilegal es encontrar formas legales para que las empresas contraten a las personas que necesitan para proporcionar bienes y servicios que permiten a los estadounidenses tener el alto nivel de vida que tienen”.

Sherrie Kossoudji es profesora asociada de trabajo social y de economía. Ha escrito numerosos artículos sobre la situación jurídica de los trabajadores inmigrantes en los Estados Unidos y los incentivos para cruzar sin documentos la frontera. También ha escrito sobre las disparidades de riqueza de los inmigrantes y ha pasado muchos veranos con estudiantes en la frontera de Estados Unidos con México para estudiar el impacto de la política de inmigración sobre el terreno. Detalles de este trabajo se encuentra, en inglés, en su blog Contested Borders.

“La política inmigratoria debe ser el resultado de un proceso cuidadoso y meditado. Por el contrario, los memorandum de Seguridad Nacional esbozan una apresura en los procesos de deportación más draconianos que llenan de miedo nuestros corazones. El miedo está siendo utilizado para destruir la confianza de grupo, para alentar a la gente a reportar a aquellos que son arrestados y a asustar a la gente para que se autodeporte. La eliminación de las prioridades de deportación hace que las madres trabajadoras sean criminales. No es ni cuidadoso ni bien pensado el separar a los niños de los padres sólo porque podemos. La delegación del personal de policía local (convirtiéndolos en agentes de inmigración) a través de 287 (g) y la expeditación de la remoción del país escala la militarización de nuestra sociedad y borra el debido proceso. La expansión de la definición de delincuentes a ser deportados nos recuerdan de abusos humanos del pasado y sus consecuencias. La administración sugiere que la gente no entre en pánico. Pero debemos tener miedo, mucho miedo.”

En su estudio “¿Cuáles son las consecuencias de regularizar a los inmigrantes indocumentados?”, Kossoudji afirma que una política que no requiere contratos de trabajo con un empleador específico es más probable que aumente la movilidad laboral y ocupacional, lo que conduce a mayores salarios para los trabajadores regularizados.
“Como tal, los formuladores de políticas deben considerar una opción de política con pocas restricciones de empleo”, dijo. “Cuando se requieren condiciones de empleo, es probable que los efectos positivos de la regularización sobre los salarios se atenúen, ya que se cierran algunos caminos a los beneficios”.

Starbucks, Airbnb y Silicon Valley se oponen al veto migratorio de Trump

Por David García Maciejewski

Numerosas empresas se han posicionado en contra del veto migratorio del nuevo presidente de Estados Unidos y han tomado medidas para contrarrestarlo, entre ellas, unirse a la demanda en los tribunales contra la medida ejecutiva.

Starbucks ha anunciado que contratará a 10.000 refugiados durante los próximos cinco años en los 75 países en los que opera. Así lo ha indicado su director ejecutivo, Howard Schultz, en una carta dirigida a sus empleados, donde también se ha comprometido a hacer todo lo posible para ayudarles a “navegar en este periodo de confusión”. “No nos quedaremos impasibles ni en silencio mientras la incertidumbre en torno a las acciones de la nueva administración crece día tras día”, ha escrito. “Estamos viviendo una época sin precedentes donde asistimos a cómo el Sueño Americano ha sido puesto en entredicho”. También ha señalado que “construirá puentes, no murallas” con México, donde emplea a más de 7.000 personas en 600 tiendas distribuidas a lo largo de 60 ciudades.

Por su parte, Brian Chesky, cofundador y director de Airbnb, pidió en Twitter buscar “la manera de conectar a la gente, no de separarla”. Poco después anunció que la empresa de marketplace proveerá de alojamiento gratuito a los refugiados y a cualquiera que no sea admitido en Estados Unidos si cumple con los requisitos legales.

Google también se ha posicionado en contra del veto migratorio y ha anunciado que creará un fondo de 4 millones de dólares para apoyar a las organizaciones que velan por los derechos de los inmigrantes. La partida monetaria ayudará a financiar a la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), al Immigrant Legal Resource Center, al Alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y al Comité Internacional de Rescate (IRC).

Las compañías tecnológicas, que tienen un amplio número de empleados inmigrantes -algunos de los cuales proceden de los siete países vetados- se ven especialmente perjudicadas por la decisión del ejecutivo republicano.

Brad Smith, presidente de Microsoft, ha escrito, al igual que Schultz, una misiva a sus trabajadores comunicándoles que hay 76 empleados de la empresa afectados por el decreto. “Nuestra empresa os proveerá de apoyo legal y asistencia”, ha indicado Smith. “Microsoft defiende que las leyes migratorias pueden y deben proteger al público sin sacrificar su libertad de expresión ni su religión. Respetar esto es bueno para la gente, bueno para los negocios y bueno para la innovación”.

Mark Zuckerberg, creador de Facebook, también mostró su preocupación al recordar que Estados Unidos es “una nación de inmigrantes” y que él mismo tiene ascendencia austríaca, polaca y alemana, algo de lo que se siente orgulloso. “Debemos mantener las puertas abiertas a los refugiados que necesitan ayuda. Si hubiéramos los hubiéramos rechazado hace años, Priscilla (su mujer, de ascendencia china y vietnamita) no estaría hoy aquí”, ha publicado en un emotivo texto.

Tim Cook también ha dejado clara la posición de Apple: “Creemos en la importancia de la inmigración, tanto para el futuro de la compañía como para el de nuestra nación. Apple no existiría sin la inmigración, y no digamos la innovación que produce”. Al igual que Microsoft, la multinacional, antiguamente dirigida por Steve Jobs, cuya madre era una inmigrante siria, tiene a miembros de su plantilla afectados por la orden y va a “hacer todo lo posible para apoyarlos”. Cook ha terminado su mensaje citando a Martin Luther King: “podemos haber venido en barcos diferentes pero ahora estamos todos en el mismo”.

Ejecutivos de otras compañías también se han pronunciado en contra de las políticas anti-inmigración, entre ellos Reed Hastings, CEO de Netflix, y Jack Dorsey, de Twitter, quien condenó la medida y recordó que “el 11% de los inmigrantes de Siria en Estados Unidos son propietarios de negocios, más del triple que los empresarios nacidos en Estados Unidos”. También Ford Motor Company ha mostrado su rechazo y ha pedido promover los valores del “respeto y la inclusión”.

Además, la empresa de mensajería instantánea Viber anunció este lunes que ofrecerá llamadas gratuitas desde Estados Unidos a los siete países afectados por el veto. Hiroshi Mikitani, CEO de la multinacional japonesa Rakuten (propietaria de Viber), expresó en Twitter su tristeza ante la orden ejecutiva firmada por Trump: “Está mal, como seres humanos, discriminar uniformemente basándonos en la religión o la nacionalidad”.

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SAN FRANCISCO (Estados Unidos).- Manifestantes protestan en contra de la prohibición de viajar a Estados Unidos de ciudadanos de siete países musulmanes, frente a la Corte del Noveno Circuito de Apelación. El panel de apelaciones de tres jueces del tribunal determinará el destino del decreto. En todo caso es posible que termine en manos de la Corte de Justicia, porque el perdedor apelará el fallo ante el máximo órgano judicial del país. EFE/JOHN G. MABANGLO.

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